lunes, 31 de diciembre de 2012

Persisten las dudas en la extinción de Luz y Fuerza


Las interrogantes no caducan

Martín Esparza Flores
29 diciembre, 2012


En el Informe de Rendición de Cuentas 2006-2012 de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), signado por Jaime González Aguade, último director de la paraestatal en el pasado sexenio, se establece con claridad el marco jurídico que en lo constitucional y en lo legislativo rige a la industria eléctrica nacional y a los organismos encargados de operarla.

Son los artículos 27 y 28 de nuestra Carta Magna los que norman el manejo, por parte del Estado, de los recursos estratégicos como la electricidad y cuya función al respecto no constituye monopolio alguno. El párrafo cuarto del 28 indica que el Gobierno federal debe mantener siempre la propiedad y el control sobre los organismos que en su caso se establezcan.

De igual forma, en la fracción X del artículo 73 se dicta que el Congreso tiene la facultad para legislar en toda la república sobre energía eléctrica; y en la fracción I del artículo 89 se prevé como facultad del Ejecutivo promulgar y ejecutar las leyes que expida el Poder Legislativo, proveyendo en la esfera administrativa a su exacta observancia.

Es la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica la que regula todas y cada una de las actividades del sector, así como aquéllas que no se consideran servicio público y determina la naturaleza jurídica y la organización de entidades como la CFE y la extinta Luz y Fuerza del Centro; la primera creada a instancias del presidente Lázaro Cárdenas en 1937, y la segunda surgida de la iniciativa enviada por Carlos Salinas de Gortari al Congreso, durante su gobierno, mediante la cual diputados y senadores aprobaron las reformas al artículo cuarto transitorio de dicha ley para disponer la creación de un nuevo organismo que atendiera la zona centro del país, con base en las facultades que otorga al Legislativo la fracción X del artículo 73.

Es el momento que, en el contexto de un naciente gobierno, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) responda de cara a millones de mexicanos los motivos que llevaron a sus integrantes a declarar constitucional el Decreto de Extinción de Luz y Fuerza del Centro emitido en octubre del 2009 por Felipe Calderón, cuando la facultad para operar los cambios en LFC no recaía en el ámbito de sus atribuciones sino en las del Congreso de la Unión, tal y como lo establece el marco constitucional.

Pero también subsisten otras interrogantes a dilucidar, entre ellas: ¿quién supervisó la actuación administrativa del Ejecutivo y los miembros de la Junta de Gobierno que controlaban, en su caso, LFC?; ¿cuándo este órgano de gobierno sesionó para declarar como insostenible financieramente el organismo público descentralizado?; ¿quién se tomó la molestia de fiscalizar a los miembros de la Junta de Gobierno?; ¿en qué manos quedaron los archivos históricos, tanto técnicos como financieros de Luz y Fuerza, así como sus inventarios?; ¿a cuánto ascendía el patrimonio de la extinta entidad?; ¿a cuánto asciende el Fondo de Previsión Social?

Estas interrogantes al igual que los temas de orden administrativos no caducan al término de una administración federal, por lo que debe abrirse un debate nacional para inducir la rendición de cuentas de los responsables y determinar con claridad a la sociedad la pésima administración de Felipe Calderón y su séquito de corifeos como la entonces secretaria de Energía, Georgina Kessel y su secretario del Trabajo, Javier Lozano, sin faltar, por supuesto, los miembros de la Junta de Gobierno de LFC, que además entregaron a particulares el millonario negocio de la fibra óptica.

Es momento de que la SCJN asuma su papel como máximo representante del Poder Judicial para lograr que tanto el Legislativo y como el Ejecutivo respeten sus funciones establecidas en nuestra Constitución, producto de una revolución armada que costó más de un millón de vidas. Sólo respetando el marco constitucional podremos alcanzar un país democrático, con libertad y con justicia social. Los ministros tienen en sus manos el resolver un conflicto que lleva más de tres años, donde los únicos afectados han sido los trabajadores del SME, los usuarios y el pueblo de México.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Paraguay enjuicia a su Congreso



Javier Rodríguez/Prensa Latina
14. diciembre, 2012 
Fuente: Contralínea


Un juicio popular –que no cuenta con carácter vinculatorio– declara personas non gratas a los integrantes del Poder Legislativo paraguayo. Estudiantes, defensores de derechos humanos, campesinos, maestros, trabajadores participaron en un proceso en el que encontraron culpables a sus representantes de aprobar leyes contrarias al interés público, incumplimiento con sus deberes constitucionales, usar clientelar e indebidamente cargos, influencias y cometer otras prácticas antiéticas


Asunción, Paraguay. Un episodio especialmente singular, en medio de la crisis política y social que vive actualmente Paraguay, acaba de concretarse con la celebración del juicio público llevado a cabo por un Tribunal Ético integrado por personalidades y juristas de esa nación.

Ellos respondieron a un llamado de la Plataforma de Organizaciones Sociales por la Democracia, instancia abocada al papel de articular criterios y acciones de sectores representantes de diversos estamentos populares del país.

La convocatoria no fue producto de una simple operación política preparada por grupos opositores al gobierno paraguayo, diputados y senadores de ese poder del Estado.

Desde hace años, según encuestadoras y análisis de opinión publicados, el Parlamento acapara el nada envidiable criterio de ser una de las instituciones con menor nivel de prestigio en la sociedad, siempre señalado por las acusaciones de turbios negocios a los cuales estaban atadas las leyes aprobadas o rechazadas.

El pasado reciente contribuyó con creces a tal criterio adverso por el papel fundamental jugado por el Congreso en el pacto con los partidos tradicionales, que desembocó en el juicio político en junio pasado contra el presidente constitucional Fernando Lugo. Éste culminó en su destitución del cargo ostentado por elección popular.

La función de freno a los intentos de una tímida reforma agraria, la aprobación de los acuerdos con las empresas multinacionales y su desconocimiento de los tratados regionales integracionistas ya firmados por la nación, constituyeron parte de la conducta más reciente de los legisladores, censurada por buena parte de la opinión pública.

De este modo surgió la convocatoria de la Plataforma de Organizaciones Sociales por la Democracia para la realización del juicio ético, figura poco apelada en la historia política paraguaya.

Durante unos 60 días, este Tribunal Ético encabezado por un expresidente de la Corte Suprema de Justicia recibió y consolidó en cuatro grandes temas el legajo de denuncias procedentes de organizaciones campesinas, indígenas, sindicales, defensoras de derechos humanos y otras.

Esos cuatro grandes grupos de denuncias se refirieron a la actitud de los parlamentarios en la sanción de leyes contrarias al interés público, incumplimiento de deberes constitucionales, uso clientelar e indebido de cargos, influencias y otras prácticas antiéticas, y utilización arbitraria de la figura del juicio político.

Las denuncias y protestas acumuladas con relación con estos cuatro grandes temas fueron convertidas en siete causales o fundamentos para basar la acusación de la fiscalía.

Entre ellas, destacaron las acciones violatorias de la Constitución Política paraguaya, que imposibilitaron que este país sureño sea un Estado social y democrático de derecho en el que pueda gozarse de un sistema político democrático y la aprobación de leyes favorecedoras de sectores económicos a los cuales responden en exclusividad.

Por otra parte, incluye el incumplimiento del deber constitucional de garantizar la protección de la ciudadanía –en especial de los sectores más excluidos– y la grave responsabilidad en la adopción de una política activa de aislamiento del país de los principales procesos de integración regional.

Otras causales principales para el juicio fueron el uso de instrumentos de control sobre algunas instituciones estatales, con lo que se privilegió su subordinación, aun cuando existían evidencias de corrupción, y la destitución arbitraria por el Congreso del mandatario constitucional elegido por la población en abril de 2008.

Para la celebración de la vista oral y pública se escogió un lugar emblemático: la Plaza de la Democracia, situada en el centro de Asunción, y el pueblo convocado asistió representado por más de 600 personas dispuestas a intervenir, en muchos casos, en tan inédito evento jurídico.

La abogada Milena Pereira fue la encargada de presentar el alegato de la fiscalía, mientras que el jurista Guillermo Ferreiro asumió la defensa de oficio, debido a la negativa del Parlamento a designar un abogado para esa función.

Una verdadera oleada de testigos desfiló durante todo el día por el estrado: allí se narraron experiencias personales como ciudadanos afectados por las disposiciones del Congreso.

Campesinos sin tierra, trabajadores despedidos por causas políticas, personas víctimas de actividades de corrupción o de represión, mujeres discriminadas, jóvenes sin oportunidades de estudio o trabajo y personas carentes de asistencia médica se refirieron a casos favorecidos, según señalaron, por el incumplimiento de los deberes del Poder Legislativo.

La sentencia, emitida tras las deliberaciones del Tribunal Ético, fue explícita y recibió la aprobación de la población presente.

El Congreso paraguayo fue condenado por incumplimiento de sus deberes y por la violación de la Constitución Nacional, y todos sus integrantes fueron calificados de personas no gratas para el pueblo.