viernes, 30 de noviembre de 2012

El Albergue, documental (Tráiler)

El padre Alejandro Solalinde

Otorgan al padre Solalinde Premio Nacional de Derechos Humanos 2012


En el documento difundido en el DOF, la CNDH señala que el Consejo de Premiación aprobó por unanimidad otorgarle el galardón por su trayectoria en defensa de los derechos humanos.

La Jornada.
Notimex
Publicado: 30/11/2012 11:39

México, DF. La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) publicó el acuerdo por el que se le otorga a José Alejandro Solalinde Guerra el Premio Nacional de Derechos Humanos 2012, por su destacada trayectoria en la defensa de las garantías fundamentales de las personas migrantes.

En el documento difundido este viernes en el Diario Oficial de la Federación, el organismo señala que el Consejo de Premiación aprobó por unanimidad otorgar el galardón al padre Solalinde por su promoción efectiva de los derechos humanos.

Asimismo, indica que el Premio Nacional de Derechos Humanos 2012 es un reconocimiento que la sociedad mexicana confiere a los ciudadanos por su labor en pro de las garantías individuales.

México desplaza a China en el mercado de EU a costa de salarios

En 2003 el sueldo promedio era 6 veces más alto que en el país asiático; ahora es 40% superior.
Se convirtió en uno de los mayores exportadores de automóviles, teléfonos y pantallas, entre otros.

Roberto González Amador

Periódico La Jornada
Viernes 30 de noviembre de 2012


Un reparador de bicicletas lee frente a una construcción en el centro financiero de PekínFoto Reuters

México se convirtió en uno de los mayores exportadores de automóviles, teléfonos inteligentes, pantallas de televisión, electrodomésticos, partes para la industria aérea. Todo un auge de la industria manufacturera asentada en el país, que ha ganado mercado a costa de China en el mercado estadunidense, y que es sostenido por la contención de los salarios de los trabajadores mexicanos.

Los datos fueron aportados esta semana por el Fondo Monetario Internacional (FMI). En 2003, el salario promedio en México era seis veces más alto que el pagado en China. Ahora, los sueldos pagados a los trabajadores mexicanos son apenas 40 por ciento (menos de una vez) superiores a los que obtienen los obreros del país asiático.

El cierre de la brecha salarial entre China y México “ha reducido la ventaja competitiva que China tuvo como un proveedor de bajo costo a Estados Unidos en los primeros años de la década pasada”, expuso el FMI en un documento sobre México publicado el miércoles pasado.

“La tendencia que vemos es de un aumento de los salarios reales en China y de reducción en México”, explica a La Jornada Alicia García Herrero, economista en jefe de BBVA Research para mercados emergentes, en una entrevista desde Madrid.

El salario no es el único, pero sí el primero, de los factores que son citados en el reporte del FMI para explicar las causas que han incrementado las exportaciones manufactureras de México hacia Estados Unidos y para que las mercancías producidas aquí ganen participación de mercado en aquel país a costa de los productos chinos. La ecuación se completa con el aumento de la productividad en la economía mexicana, los elevados precios del petróleo, que encarecen el flete desde Asia, así como la apertura y “el compromiso con el libre mercado” por las autoridades mexicanas.

Las exportaciones mexicanas representan actualmente 13 por ciento de las importaciones totales de Estados Unidos. En sólo seis años, este porcentaje se ha elevado en 3.4 puntos porcentuales, de acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. El crecimiento que se ha dado a costa sobre todo de los productos chinos. El reporte del FMI mencionó que en el periodo comprendido entre 2010 y este año, los sectores en que los productos manufacturados en México han ganado participación de mercado a China en Estados Unidos son los intensivos en el uso de mano de obra.

Alrededor de 80 por ciento de las exportaciones totales de México tienen como destino Estados Unidos. El valor de las mercancías exportadas equivale a 22 por ciento del producto interno bruto mexicano, según el FMI. La mayoría de las exportaciones corresponde a productos manufacturados.

Los salarios en el sector de las manufacturas en China se incrementaron a una tasa promedio anual de 14 por ciento entre 2003 y 2011, en términos nominales, mencionó el FMI. El aumento fue de 20 por ciento, en el mismo periodo, si se toma en cuenta la apreciación del yuan, la moneda china, añadió.

Los salarios promedio en el sector manufacturero mexicano durante el mismo periodo se han mantenido constantes, en términos de dólares, debido a un “moderado” incremento de los sueldos y la depreciación del peso frente al dólar, apuntó el organismo.

“En 2003, el salario promedio en México medido en dólares era seis veces (600 por ciento) más alto del que se pagaba en China, mientras que en 2011 los salarios en México fueron 40 por ciento superiores a los de China”, expuso el FMI.

El avance en los salarios chinos ha reducido “la ventaja competitiva que tenía China a inicios de la década pasada, como un proveedor de bajo costo de bienes manufacturados a Estados Unidos”, añadió.

En los sectores en que México y China compiten con sus productos en el mercado estadunidense “hay una tendencia de aumento de los salarios chinos y de reducción de los pagados a los trabajadores mexicanos”, explicó Alicia García Herrero, economista en jefe de BBVA Research para mercados emergentes. “Lo que podría verse a priori como algo negativo de pérdida de poder adquisitivo, también debería verse como una nueva capacidad (de México) de competir en el mercado de Estados Unidos”, consideró.

–¿Por qué está ocurriendo esta reducción de la brecha de salarios entre los dos países?

–En China puede haber distintos motivos para el alza de salarios. Hay una burbuja de salarios, digámoslo así, porque tienen muchas empresas para invertir, todas quieren capital humano. Hay una política activa de incremento al salario mínimo, de obligar a los empresarios a pagar más por motivos sociales. Pero también la productividad ha seguido aumentando muy fuerte en China.
En China, explicó, ha habido enormes ganancias de productividad, explicadas inicialmente por la migración que hubo en los últimos años del campo a actividades productivas en las ciudades, de llevar trabajadores agrícolas a actividades industriales en el sector formal. Este proceso –que se dio hace décadas en América Latina– genera “aumentos brutales” de productividad.

“La pregunta es qué pasará cuando ese proceso termine. México y América Latina tienen niveles de urbanización similares a Europa, pasaron por ese proceso en los años 70 (del siglo pasado). Entonces, las ganancias de productividad en México son mucho más difíciles, están relacionadas sobre todo con otro tipo de reformas”.

Se va Calderón


La Jornada
Adolfo Rebolledo.
29 de noviembre de 2012


Llegamos al final del sexenio de Felipe Calderón, que estuvo marcado por la crisis de 2006, cuya naturaleza, alcances y soluciones aún sigue siendo uno de los secretos del presente mexicano. La necesidad de asegurar la gobernabilidad a cualquier precio desató procesos que luego adquirieron vida propia, como la guerra contra el narcotráfico, que se convirtió en un monstruo de mil cabezas, capaz de mostrar hasta qué punto la sociedad mexicana, las instituciones de la República y las élites dirigentes habían perdido el rumbo. México se miró con azoro en el espejo de la barbarie criminal, en la cotidianeidad de una violencia de indescriptible crueldad convertida en código, en expresión de la caída de todo principio moral o racional como sustento de la convivencia: la delincuencia organizada como metáfora trágica de los valores que rigen la competencia en el mercado y el omnipresente afán de lucro premiado en todas las demás esferas de la vida ciudadana. El recurso de poner en tensión las fuerzas del Estado para arrinconar la acción de las bandas fue adoptado sin un diagnóstico serio y flexible en el contexto de la corrupción y la impunidad que carcome la justicia y otros ámbitos institucionales. El gobierno adujo que no tenía opción. O combatir con las armas disponibles a la delincuencia organizada o entregar el Estado a las bandas. ¿No era el solo enunciado del problema la prueba de hasta qué punto las instituciones estaban inmersas en una crisis tan profunda como difícil de soslayar con remedios puntuales, así fueran la movilización militar o la aplicación de tecnologías de última generación? El gobierno y buena parte de sus aliados en la sociedad civil prefirieron ignorar la realidad sin asumir que en la crisis política, la legitimidad del poder (o su ilegitimidad) podía ser compatible con el fortalecimiento de los grandes negocios que detenta una minoría cada vez más reducida en la pirámide social. La lucha contra el narcotráfico no redujo la violencia ni hizo disminuir el delito pero le dio al gobierno calderonista una razón de ser.

La razón de ser no puede aducirse ante la carga de las decenas de miles de muertos que ahí están, aunque la memoria oficial los ignore. Es una losa moral que algún día pasará factura a los grupos que han preferido convivir con la tragedia sin nombrarla, aparentando una normalidad inexistente, oculta bajo la hipocresía del llamado a la modernidad y a las buenas costumbres democráticas.

Ahora, cuando faltan horas para el gran ritual presidencialista de la entrega de la banda tricolor, la propaganda oficial remacha los grandes éxitos obtenidos en rubros importantes como carreteras, salud y otros temas, pero aun así surgen dudas en cuanto a cómo se juzgará a la administración saliente una vez que los nuevos se instalen en los espacios palaciegos. Calderón se va sin entender qué es lo que estaba –y está– en juego. La propuesta de cambiarle el nombre al país y la iniciativa para instaurar la segunda vuelta (bajo una fórmula semiautoritaria) dan cuenta de la frivolidad que incluso a última hora distingue al panismo. Es la falta absoluta de proyecto la que marca sus años de alternancia. Pretender que el balance de un gobierno se mida exclusivamente por la dimensión de algunas obras públicas hace olvidar que México es un país de más de 100 millones de habitantes, con una economía poderosa y atractiva (y apetecible) en el mundo global. Tiene recursos naturales extraordinarios y condiciones geopolíticas únicas para pensar en grande, de modo que las inercias de la actividad económica de por sí arrojan cifras que en otros países resultan inimaginables, pero México tiene un talón de Aquiles: la desigualdad, la terrible polarización que perpetúa la injusticia, la irritación, la desesperanza. Según los datos más optimistas de la Cepal, la pobreza afecta a 35 de cada 100 personas y disminuye más lentamente que en otros países de Latinoamérica. Como quiera, es evidente que años y años de políticas compensatorias han fracasado en la tarea de romper con el círculo vicioso de la pobreza fortaleciendo el empleo como un derecho universal. Lo más grave es que no hay nuevas ideas, un verdadero proyecto de cambio y desarrollo que permita dejar atrás la ruta del estancamiento. La promesa de hacer reformas sin un replanteamiento en serio de los objetivos nacionales llevará, sin duda, a reforzar la integración a la economía trasnacional, pero difícilmente dará cumplimiento a las aspiraciones de la mayoría.

Como hemos visto durante décadas, la estrategia de “modernizar” el país a partir de mejorar la situación de unas hipotéticas “clases medias” creadas a modo para darle vida al catecismo económico fracasa no sólo en el terreno de la satisfacción de las necesidades inmediatas sino también, y sobre todo, en el terreno de la cohesión social. La crisis del sistema, como decía nuestro viejo lugar común, no se circunscribe a los cuellos de botella estructurales, sino que recorre de arriba abajo las relaciones sociales, la vida en común, aunque México ya no es el mismo que en 1988 o en 2006. También se tambalea la idea otra vez en boga (gracias al peñanietismo) de vender la modernización como un paraíso al alcance de la mano a partir de la masiva manipulación de los medios como alternativa al voluntarismo parroquial de Felipe Calderón. El debate nacional es imprescindible dentro y fuera del Congreso, en los medios y en la sociedad, pero hay que pasar del regodeo en los “sujetos” al examen de las ideas, a la confrontación de las opciones programáticas que, en definitiva, distinguen entre sí a las distintas corrientes políticas. Hemos estado demasiado tiempo ensimismados en las formas de la lucha política descuidando los contenidos, las definiciones que no emanan espontáneamente de los liderazgos. Necesitamos, es verdad, una nueva ética para un nueva política, capaz de poner en pie los cimientos de un ciclo histórico de desarrollo. Y tenemos que hacerlo por medios pacíficos antes de que la lógica de la violencia consuma también la voluntad democrática, la fidelidad a la nación.

Mientras, una encuesta arruina el momento del adiós. Se va el PAN y en México se lee menos. En 2006, según datos publicados en este diario, “56 por ciento de los mexicanos decía que leía libros; en 2012 es de 46 por ciento”. Al buen lector pocas palabras.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

PAN 12 años: 8 escándalos empresariales



La extinción de LyFC

TVM, Jugos del Valle, Mexicana, MVS y LyFC protagonizaron pleitos durante en la era panista.

CNN EXPANSIÓN.
Martes, 27 de noviembre de 2012



En julio de 2010, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) avaló la liquidación de la paraestatal. (Foto: AP)

En octubre de 2009, Felipe Calderón decretó la extinción de Luz y Fuerza del Centro (LyFC) bajo el argumento de la ineficacia operativa y financiera. Previamente, la secretaría del Trabajo negó la toma de nota a Martín Esparza, al frente del Sindicato Mexicano de Electricistas. (SME)

Las actividades que realizaba la firma quedaron a cargo de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). En respuesta, los trabajadores comenzaron una serie de protestas para revertir la medida.

En julio de 2010, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) avaló la liquidación de la paraestatal, sin embargo, el pasado 13 de septiembre, el sindicato obtuvo un triunfo legal luego de que el Segundo Tribunal Colegiado resolvió que se debe mantener la relación laboral del SME con Luz y Fuerza del Centro o, en su caso, un patrón sustituto que sería la Comisión Federal de Electricidad. El Gobierno de Calderón dijo que presentaría un recurso de revisión a este fallo.

En septiembre del 2011, el Gobierno de Calderón le otorgó la toma de nota a Martín Esparza y le otorgó facultades para la administración de bienes del sindicato.

Esparza estaba en la lista para ser diputado plurinominal por el Partido del Trabajo, aunque finalmente no alcanzó su objetivo.

¿Quién responderá por los agravios panistas contra el SME?


La Silla Rota.
Manuel Fuentes Muñiz
28/Nov/2012


Fueron descomunales y sin límite los recursos humanos, económicos y materiales que usó el gobierno de Felipe Calderón para imponer por la fuerza el cierre de Luz y Fuerza del Centro y justificar el despido de más de 46 mil trabajadores la noche del 10 de octubre de 2009.

Aparecieron desde el momento de la toma y en los días siguientes, anuncios pagados en radio, televisión y prensa escrita para justificar la arbitraria acción gubernamental; su argumento fue la denostación y el engaño en contra de los trabajadores.

El gobierno calderonista movilizó miles de policías y militares encubiertos, para tomar por la fuerza los centros de trabajo. A los trabajadores que laboraban esa noche los desalojó por la fuerza y los que ingresarían en las siguientes horas, para impedir su ingreso, cercó con vallas metálicas las instalaciones.

Se quiso demostrar la fuerza desproporcionada del gobierno a pesar que no atinaba a justificar “la extinción” en el centro del país de una función estratégica como es la energía eléctrica.

Se acusó sin base alguna a los dirigentes del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) de corruptos y al mismo tiempo patrocinó sin éxito alguno a un grupo disidente para fomentar la división y confusión entre los trabajadores.

Aparecían en todos los medios de comunicación declaraciones de Felipe Calderón como salvador de la patria y Javier Lozano como su espantajo, justificando el cierre de esa empresa pública.

Empresas transnacionales ligadas a la generación eléctrica y sectores financieros aplaudían la medida “valiente” del gobierno de cerrar una empresa pública de generación eléctrica.

Como si fueran dueños del erario público los funcionarios panistas ofrecieron, según ellos, liquidaciones “superiores a la ley”. En los medios de comunicación invitaban a los trabajadores a aceptar sus indemnizaciones con la promesa de ser recontratados.

Difundieron en su momento fotografías de largas filas de trabajadores electricistas cabizbajos, confundidos al recibir su cheque. Sin embargo mientras pasaron los días, las filas de liquidados se fue reduciendo, mientras que la resistencia de más de 16 mil trabajadores se mantenía a pesar de la propaganda mediática en su contra a todas horas.

Los trabajadores liquidados pronto se dieron cuenta del engaño. Ni se les habían pagado su indemnización completa ni se les había cumplido con otorgarles un nuevo empleo.

Mientras tanto la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCA) comenzó a recibir miles de demandas de trabajadores reclamando su reinstalación y de otros exigiendo la diferencia en el pago de sus liquidaciones; el buen ánimo gubernamental poco a poco empezó a desdibujarse.

Desde la Secretaría del Trabajo abogados de distintos despachos patronales recibieron la llamada de Javier Lozano para que auxiliaran al gobierno en los litigios que fueron creciendo día a día. Como apoyo la JFCA empezó a congelar los juicios para prolongarlos lo más posible.

Los primeros reportes que llegaron a la oficina del Secretario de Trabajo era que en efecto, las liquidaciones pagadas no contenían todas las prestaciones y tarde o temprano se tendrían que pagar millonarias cantidades como pago de diferencias en indemnizaciones. Ahora es problema del nuevo gobierno que viene afrontar el problema.

Ahora se sabe por una investigación de la periodista Mariana Otero que el gobierno erogó más mil 800 millones de pesos en la contratación de 88 prestadores de servicios externos para la liquidación de Luz y Fuerza del Centro (LFC), los cuales se encargaron de realizar peritajes, mantenimiento de inmuebles, atención de asuntos jurídicos y hasta un Call Center de orientación.

Según la solicitud número 681200000411 presentada al IFAI por la periodista Otero, el total de gastos que se habían realizado hasta 2011 para llevar a cabo la extinción de la paraestatal ascendía a 52 mil millones de pesos, de los que mil 810 fueron para la contratación de empresas externas, 32 millones para el pago de notarios y 79 millones 813 mil pesos para cubrir los servicios de 19 despachos de abogados.

A pesar de las desmedidas sumas entregadas a los litigantes, el gobierno federal siguió dando tumbos al perder un amparo en el tribunal colegiado de circuito que otorgó el reconocimiento a favor de los miles de despedidos como patrón sustituto por la Comisión Federal de Electricidad, que ahora se encuentra en revisión en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Los panistas viven sus últimas horas en la presidencia de la republica después de haber demostrado su incapacidad para gobernar; ahora aparecen, poco a poco las ilegalidades cometidas en un ejercicio de poder arbitrario. ¿Quién responderá por esas arbitrariedades y despilfarros cometidos en perjuicio de la Nación?


Twitter: @Manuel_FuentesM

jueves, 22 de noviembre de 2012

La verdad sobre las tarifas de LyF

152 - ¡Chispas! ¿también en la CFE?

INSTRUYE IFAI A CFE A ENTREGAR LISTADO DE LOS EX TRABAJADORES DE LUZ Y F...

Herencia y destino


La Jornada
Luis Linares Zapata
Miércoles 21 de noviembre de 2012

La herencia del sexenio panista que termina contaminará, qué duda, los márgenes de maniobra de quienes le sucederán en el mando del Ejecutivo federal. El horizonte que dejan los azules, y los contenidos del mismo, forman un oscuro legado que poco habrá de redundar en el precario bienestar de los mexicanos. Las condicionantes sobresalientes son terribles. Baste con nombrar sólo algunas cuantas de las penurias presentes para darse cuenta de la fuerza determinista que encierra el legado del señor Calderón. En primer lugar debido a una, por demás dañina, circunstancia concurrente: el magro crecimiento (1.3 por ciento en promedio sexenal) y la desmedida desigualdad imperante, de las mayores del mundo. El grado por la desigualdad entre grupos, personas o regiones se erige como la causa eficiente de varios de los problemas básicos del país, entre los cuales destacan la inseguridad y la inaudita violencia. Por otro lado, la continuidad como tendencia decidida y pensamiento dominante de toda la élite oficialista seguirá a pie juntillas el hondo surco del modelo de gobierno vigente.

El costo de estos factores para el desarrollo deseado o prometido seguirá lastrando la vida organizada de la nación. En el mero fondo de una problemática de tan duras consecuencias se descubre, una y otra vez, la perversa influencia de la atrincherada plutocracia nacional. Ese grupúsculo de potentados que ha impuesto, sin importar las derivadas malformaciones, su voluntad, ambiciones y egoísmos. Serán, también ellos, la correa de trasmisión y mando que unirá la venidera administración priísta con la que afortunadamente va de salida. El destino así visualizado, por menos dañino que se le haga aparecer, no dejará de mostrar su férreo rostro decadente.

El panismo como facción partidaria y burocrática, ha sido relegado a penoso lugar, abrumado por sus cortas capacidades ya bien demostradas. A tal descripción hay que añadir sus reducidas visiones que, combinadas con su oportunismo, incidieron en la estela de corrupción e impunidades que los habrán de perseguir por años. Eso no les ha impedido embutirle, al país, una enorme deuda pública que ya suma la estratosférica cifra, un tanto mayor, de 5 billones de pesos. Cinco millones de millones de pesos, hay que repetir. La deuda pública más voluminosa de la historia del país. ¿Qué se hizo de con todos esos recursos, además de los excedentes petroleros y las remesas? Calderón, ese frívolo personaje que, según dice y repite, seguirá yendo de aquí para allá hasta el último día de noviembre, ha logrando atosigar, con su palabrería, las audiencias cautivas que le acarrean las televisoras y la radiodifusión. Fue ese panista quien duplicó el monto de la deuda recibida de su locuaz y convenenciero antecesor. La carga no puede ser menospreciada. Ha llegado a límites inconvenientes (alrededor de 45 por ciento del PIB). Su actual manejo ya lastra el crecimiento, tanto por el costo de la misma como porque los famosos mercados, esos que tanto subyugan a los responsables financieros, iniciarán sus retobos y amenazas de bajar sus calificaciones de confianza. El michoacano, mientras, busca un día tras otro el refugio que pueda mitigar sus muchas tribulaciones e inseguridades.

Prácticamente no hay indicador que no muestre el deterioro, tanto de la fábrica nacional como de la vida organizada, social y política del país respecto a lo que en otras partes del mundo se hace o mejora. Trátese de transparencia, de aumentos en la producción industrial, de seguridad alimentaria, de competitividad, de innovaciones, de investigación y tecnología, de respeto a los derechos humanos, de inversiones, de cobertura de servicios públicos, de salud o pobreza y se constatará la horripilante realidad como dramática alternativa al desparramado y cínico discurso oficial.

El intento de los triunfadores por su lado, puesto en marcha por el grupo de transición y adláteres comentaristas, se concentra en evocar una imagen pretendidamente transformadora de su liderazgo. Los golpes mediáticos, basados en insinuaciones y apariencias de arrojos legislativos –que no bien se conocen y ya encallan– se ven achicados por el trasteo al que los sujetan sus adalides, muchos de ellos con empolvada prosapia. Las prisas por innovar que adelantan no revelan consistencias o bases sólidas. Se choca, desde el inicio de las andanadas difusivas, con lo reducido de sus efectivas pretensiones y mecanismos operativos, tal como le ocurre a la publicitada comisión de transparencia (anticorrupción) o como sucedió a la misma reforma laboral.

En su determinación por introducir al nuevo PRI hacen, eso sí, alarde en el uso del aparato de comunicación, pero recalan en superficialidades de impactos pasajeros. Atontan a muchos, es cierto, pero en seguida empiezan a mostrar las limitantes que acarrean, éstas sí estructurales. Por más esfuerzo propagandístico no logran movilizar las energías colectivas, retenidas u opacadas desde el desenlace electoral, decretado por el oficialismo pero seriamente cuestionado. Detrás del cúmulo de intentonas para asentar el talante modernizante del gobierno entrante, el futuro, aun el más cercano, no se visualiza con optimismo. Hay razones externas para ser precavidos. La crisis que envuelve a Europa y los nubarrones en Estados Unidos (precipicio fiscal) no son vanos cuentos. Pero las principales limitantes son de naturaleza autóctona: el reaccionarismo retardatario de la plutocracia local, patrocinadora de Peña Nieto y la herencia de un panismo de poca monta.

Queda un enorme vacío


La Jornada.
Jorge Carrillo Olea.
Martes 20 de noviembre de 2012lea

De los innumerables huecos que dejan 18 años de ignorancia y menosprecio sobre ciertos recursos clásicos del gobernar, incluido Zedillo, pocos se asemejan por su trascendencia sobre el interés nacional al de la inteligencia. Entendida ésta simplemente como el requisito imprescindible de política para bien gobernar. Para gobernar primero hay que saber todo del entorno en el mejor sentido. Todo lo que importa, pero elevado al grado de certidumbre. Es la única forma que permite gobernar en democracia, con apego a derecho, eficacia y honestidad.

Los países más demócratas del mundo, si se quiere Suecia, Francia o Alemania, que tienen servicios de inteligencia que se aproximan a esa elevada meta, se asombrarían de nuestro retraso. Casi regresamos a la prehistoria. Por décadas hemos manejado el tema con dos constantes: sentido de culpa y vacilación.

Hubo un periodo largo, lento, pero alentador, de construcción de un sistema nacional de inteligencia. Se dieron los pasos que la oportunidad permitió dar y se proyectaron los pocos que tendrían otro turno. Entre 1983 y 1990 se crearon el gabinete de seguridad nacional como órgano máximo concertador; Cisen, como órgano responsable de la inteligencia estratégica (que no delincuencial en que absurdamente después devino); se creó el Cendro, totalmente especializado, de enorme eficiencia en el tema de investigación criminal sobre tema de drogas; se programó la creación del Centro de Inteligencia Criminal, posteriormente mal editado como Plataforma México.

Habría que agregar de manera muy destacada que se inició el desarrollo de una cultura de mejor comprensión sobre el delicado tema de determinar y analizar los grandes riesgos nacionales. Se advirtió oportunamente, y después nada se hizo, sobre la inminente criminalización nacional y sus correlativos políticos, jurídicos, económicos y sociales. También, como logro relevante, se creó un ambiente de coordinación y cooperación con todas las instituciones antes no consideradas, pero con amplias posibilidades de aportación. De manera muy distinguida fueron las secretarías de Relaciones Exteriores, Hacienda, Educación, Salud y Comunicaciones y Transportes.

Nada, poco o corroído quedó todo ello después de casi dos décadas de incomprensión y destrucción sistemática. Zedillo desapareció el Cendro, Fox prometió en campaña desaparecer Cisen y ya en el gobierno virtualmente lo hizo. Calderón malogró la creación del Centro de Inteligencia Criminal y entre los tres desarticularon la creciente cultura de trabajo, coordinación y cooperación sobre los grandes problemas nacionales, no sólo el crimen organizado.

El esfuerzo de crear una conciencia sobre seguridad nacional, que fue muy aceptable en sus rendimientos, fue devastado. Implicó incorporar elementos de trabajo que hoy no están presentes y que en su momento lo estuvieron y funcionaron bien: claridad de ideas, coordinación y compromiso institucional, pero fue desmantelado.

En este sexenio la descoordinación y conflictividad entre los protagonistas fue total: todos contra todos, ninguna idea ni proyecto de conjunto, ni siquiera para esa manzana de la discordia que es el crimen organizado. Se dejaron llevar por un sentido de propiedad exclusiva de la inteligencia y planes subsecuentes, y no existió ninguna cooperación entre agencias y sí vergonzosos guiños y entregas a las autoridades estadunidenses que nos manosearon a placer. El vulgar pleito PGR-SSP es indiscutible evidencia. De todos estos desencuentros y choques surge la razón final: el presidente Calderón no pudo, no quiso o no supo ejercer la función de coordinación correspondiente.

Destacaron en ello la increíble torpeza de conducción en la PGR con sus tres titulares Medina, Chávez y Morales; el aventurerismo de García Luna, más el instinto insaciable del secretario de Marina, con su inocultable ambición y pro yanquismo. Esto se acredita fácilmente recordando por ejemplo, que el general Larry Stutzriem (ww.af.mil/information/bios/bio/asp?) director de Planeación Política y Estrategia del Comando Norte de Estados Unidos, hizo, entre junio de 2009 y junio de 2011, 14 visitas de trabajo a México, siendo atendido por el propio almirante y cuyos fines y resultados nadie conoció

Haber destruido un sistema de inteligencia para la seguridad nacional entre Zedillo, Fox y Calderón nos ha llevado a la actual situación, que ha olvidado nuestras prioridades. Todo se redujo al crimen. A esta situación solamente se le ve un remoto horizonte de alivio; atacar al problema desde sus génesis: coordinación y cooperación, talento y trabajo. Ya veremos al voltear esta página increíble.