jueves, 21 de junio de 2012

Desasosiegos y expectativas electorales 2012


La Jornada
Bernardo Barranco

Apoco más de una semana de la jornada electoral, los ciudadanos van teniendo los elementos suficientes para razonar y emitir su voto. Millones de espots, debates y estrategias de campaña han permitido a los candidatos mostrar públicamente sus propuestas y capacidades personales, esto es, trayectorias, capacidad de liderazgo y hasta la complexión emocional. Para muchos, los candidatos se quedan cortos ante el tamaño de los retos que el país enfrenta. En todo caso las distancias se van cerrando entre las preferencias de los electores; si bien todo indica una elección de tres, parece eclipsarse el recurso del voto útil. Efectivamente, pareciera desvanecerse la sombra del voto útil, recurso valioso en aquel 2000, cuando Jorge Castañeda encabezó entonces la faena, llamando a indecisos y al voto de la izquierda ofertando la alternancia. Actualmente Vicente Fox, Manuel Espino y un sector del Yunque, con anticipación cronometrada, se ofrecen de operadores para atraer la intención del voto útil entre los panistas que ven alejarse las posibilidades presidenciales de Josefina Vázquez Mota. La historia está por escribirse y los escenarios aún son diversos.

El IFE, como todo mundo dice, se juega más que su propia credibilidad en este proceso; la cuestión es más profunda que la incertidumbre del fantasma de 2006. A pesar de las muchas imperfecciones y vicios de la institución, el IFE no puede cargar con todo el peso de la jaloneada transición democrática. Por más reformas que hagamos al árbitro electoral, serán insuficientes si no acompasamos con cambios en otros rubros, como el sistema de partidos, la estructura legislativa y, por supuesto, la ley de medios, por mencionar algunos. Es decir, si no hay una efectiva reforma del Estado, el riesgo es seguir saturando el sistema electoral bajo el peligro de colapsarlo. Por otra parte, estas elecciones, que van en paralelo en 15 entidades del país, en las que siete definirán su próximo gobernador y ocho estados renovarán congresos locales, así como presidencias municipales son, como se dice, el operativo electoral más grande en la historia de este país. En cada una de estas entidades existe un instituto local que organiza el proceso y en la gran mayoría de los casos habrá “casillas espejo” con las del IFE. Muchos nos preguntamos sobre la duplicidad de funciones, tareas y, sobre todo, presupuestos. Ahí queda un tema a discutir; sin embargo, la contienda presidencial ha eclipsado las otras. Al grado extremo de que, según sondeos, hasta hace una semana 80 por ciento de los electores desconocían el nombre y la trayectoria de los senadores, diputados locales y federales por los que tendrán que votar. Muchos ni siquiera saben de los presidentes municipales que habrán de elegir.

La irrupción de los movimientos juveniles es, sin duda, trascendente, pues ha venido a enriquecer el conjunto del proceso. Los jóvenes, hasta hace poco autoexiliados de la política, han conquistado un espacio inusitado llegando a marcar puntos de agenda en el proceso electoral. Se advierte una crítica frontal a la manipulación mediática de lo político que se ha expandido en un vasto movimiento social espontáneo que reprocha la supuesta arrogancia de un candidato lanzado y arropado por las televisoras. Jóvenes desilusionados con la pobre democracia mexicana y con la hipocresía de la clase política tienden ampliar su inventario de reclamos. El poderoso impulso inicial es la democratización de los medios, utilizando las redes sociales como herramientas alternativas y novedosas de discusión, colocando el debate electoral en nuevo terreno. Sea cual fuere el resultado, las elecciones en 2012 están dejando lecciones importantes y, sobre todo, ha levantado el nivel político de la contienda. Quien gane la contienda tendrá como desafío atender y encarar una juventud desafiante. Sea quien sea, habrá nuevos puntos en la agenda política del país y una sociedad civil renovada con la energía de la juventud.

En algunas entidades de la República están apareciendo prácticas regresivas. En el estado de México, por ejemplo, se ha venido recrudeciendo la violencia electoral, especialmente en la arena municipal, que rebasan el llamado a misa de las autoridades del IEEM. Otro fenómeno preocupante es la compra y la coacción del voto. Recordemos que la coacción es un acto de imposición que se induce bajo presión y amenaza al elector hacia el voto por un partido o candidato que vulnera la libertad de un individuo. La compra del voto es un intercambio de bienes, dineros o favores como despensas, vales, tarjetas o materiales de construcción para que una persona o un grupo voten por determinada franquicia política o candidato. Ambos conceptos si bien son diferentes, van de la mano. Alianza Cívica, una reconocida red social que desde hace 18 años ha venido monitoreando los procesos electorales, dio a conocer hace tiempo estudios sobre la compra y coacción en México en más de 10 estados de la República. Mientras en la elección federal de 2003, 3 por ciento de los electores fueron tocados por la compra y coacción de voto; en 2006, 7 por ciento, y en 2009 crece de manera alarmante a 27.7 por ciento. Ningún partido se salva; lamentablemente, es una práctica que utilizan todos los partidos y en diferentes órdenes de gobierno. Si bien la Constitución y el Cofipe establecen que el voto es libre y secreto, y están prohibidas estas formas de coerción, asistimos a un proceso regresivo y a la reutilización de prácticas que creíamos superadas que sin duda laceran la equidad y sano desarrollo de la competencia partidista. En suma, se ha venido incrementando este nefasto recurso político-electoral que manipula las necesidades de las personas con menores recursos económicos.

Finalmente, sorpresas que da la vida. Desde la perspectiva del análisis, el posicionamiento de los diferentes actores políticos, intelectuales, académicos, gremiales y mediáticos se puede observar con mayor nitidez y contundencia las definiciones políticas personales e institucionales. Muchos comentaristas reconocidos se han quitado la máscara de demócratas, que durante tiempo mantuvieron como impostura, desnudando sus intereses, que están por encima de sus posturas.

En memoria de Víctor Ramos, un amigo un hermano.

Río+20: para rescatar el neoliberalismo


La Jornada
Alejandro Nadal

El mundo no sólo enfrenta el reto de una crisis global que gana fuerzas cada día, con su secuela de desempleo y su promesa de estancamiento a largo plazo. También se le opone un proceso de deterioro ambiental sin paralelo. Extinción masiva de especies, erosión de suelos y cambio climático son ejemplos de esta degradación ambiental provocada por la actividad humana.

Cualquier persona esperaría que las causas profundas de estos problemas serían abordadas con rigor en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable (mejor conocida como Río+20). La conferencia depende de todo el sistema de Naciones Unidas, pero la voz cantante la lleva el Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA) a través de su propuesta de crear una “economía verde”.

La noción de economía verde ha sido objeto de una fuerte polémica desde que surgió esta iniciativa del PNUMA. Se le ha definido como una economía en la que hay crecimiento con equidad social, bajas emisiones de carbono y mayor eficiencia en el uso de los recursos naturales. Según el PNUMA, si se invierte una suma equivalente al 2% del PIB mundial en diez sectores de la economía, se puede asegurar la transición a una economía verde.

Aquí comienzan los problemas. En los documentos oficiales del PNUMA para la conferencia de Río+20 no se encuentra un capítulo que haga referencia a la crisis que hoy azota la economía mundial. No se analizan sus orígenes o su naturaleza, y tampoco se consideran los efectos de las políticas macroeconómicas con las que se ha buscado hacerle frente. Tal pareciera que nada de esto tiene implicaciones para los esfuerzos en alcanzar la dichosa “economía verde”.

Esta no es una omisión inocente. Al ignorar la crisis, que es en esencia un fenómeno macroeconómico, se evade de manera conveniente la discusión sobre las contradicciones internas del modelo neoliberal. Así se eluden temas como la caída en el poder adquisitivo de los salarios, el endeudamiento de los hogares, la expansión y opacidad del sector financiero. Con esto se guarda en un cajón el tema de la inestabilidad de las economías capitalistas.

Lo único que queda es una serie de sectores aislados en donde los problemas pueden ser cómodamente tratados como “fallas de mercado”. Aquí entra la economía ambiental de corte neoclásico al rescate. Su mensaje es sencillo: lo que se necesita es colocar un precio a todo lo que llamamos medio ambiente y crear nuevos mercados (como el de bonos de carbono).

Y ¿la reducción de la pobreza en la economía verde? La realidad es que no hay ningún mecanismo en la concepción del PNUMA sobre la economía verde que permita pensar en esta reducción de la pobreza. No se analiza el tema de los salarios. Qué raro, ¿verdad? Lo único que dicen los documentos de este organismo es que si se invierte en el “capital natural” que es el soporte de la agricultura, las pesquerías y los bosques, los pobres que dependen de estos sectores se verán beneficiados. Ésta es, desde luego, una afirmación aventurada. Si se hace abstracción de la estructura económica en estos sectores es difícil sostener la idea de que nuevas inversiones tendrán, por sí solas, el efecto deseado.

¿De dónde vendrán las inversiones para la transición a la economía verde? El PNUMA responde: del sector financiero. Poco importa que el mundo de los bancos de inversión, de las casas de bolsa, de los “vehículos de inversión estructurada” y de las empresas calificadoras haya sido el epicentro de la crisis global. Tampoco es relevante el que los mercados financieros sean esencialmente inestables y volátiles. Para el PNUMA lo que interesa es mantener a la política económica subordinada a los dictados del capital financiero.

Un defecto clave de la iniciativa del PNUMA se relaciona con el modelo matemático utilizado para simular la transición a la “economía verde”. Es ya una práctica común en este tipo de aventuras utilizar modelos matemáticos que supuestamente proporcionan “números duros” para justificar un proyecto y vestirlo de un manto de rigor analítico. En este caso son muchas las limitaciones del modelo utilizado, pero una salta a la vista: no se necesita ser experto para observar que en dicho modelo no hay lugar para el sector financiero. Esto es sorprendente para cualquier observador, pero los economistas están acostumbrados a este tipo de aberraciones.

Aquí la contradicción del PNUMA es chocante. Por una parte no tiene empacho en afirmar que las inversiones para alcanzar la “economía verde” provendrán del sector financiero. Por la otra, el modelo matemático para imprimir “rigor” y sustentar sus afirmaciones, no puede incorporar al sector financiero. Caray, como dijo Marcelo en el Hamlet, algo está podrido en Dinamarca.

Con su iniciativa de la “economía verde” los funcionarios responsables del PNUMA han defraudado a los pueblos del mundo. En la conferencia de Río sobre desarrollo sustentable no es la salvación del mundo la prioridad. Lo que se busca es rescatar al modelo neoliberal.

El miedo y sus progenitores


La Jornada.
Luis Linares Zapata

Las luchas por el poder federal, a partir del domingo pasado, entraron en una fase ríspida. Las cúspides que regentean para su propio beneficio los resortes decisorios no las tienen todas consigo y transmiten, de manera inmediata, la intranquilidad que padecen. Su candidato (EPN) ha flaqueado durante toda la ruta hacia el 1º de julio. La ventaja que le otorgaban las empresas que administran la opinión encuestada se esfuma hasta casi desaparecer con el paso de los días. Los diversos avatares que se vienen sucediendo, uno tras otro, penetran, con frecuencia inusitada, la coraza difusiva dispuesta para protegerlo. El antipriísmo resucita y se condensa en amplias capas de ciudadanos. La segunda opción para empujar la continuidad (JVM) recurre, auspiciada por sus asesores, tanto al denuesto de los oponentes como al franco aliento de rencorosos temores. En su desesperada búsqueda de un mejor sitial cae en sexistas chistoretes sin mucho sentido.

Distintas fracciones de la ciudadanía han sido particularmente efectivas en la demolición de la cincelada imagen de inevitable vencedor de EPN. En particular una de ellas, la formada por las élites estudiantiles de numerosas escuelas de educación superior (#YoSoy132), lo han dejado al descubierto. Y, en ese terreno, hostil para sus patrocinadores acostumbrados a moverse en las sombras, y para el controlado ejercicio de sus limitadas habilidades, el golpeteo ha sido inmisericorde. Ahora, y después de que algunas encuestas han logrado el cometido de revelar la real competencia entre Peña y López Obrador, se recurre, de manera desesperada, a la guerra sucia como feo recurso propagandístico.

Cuando esto se escribe no se conocen los detalles del debate a que citaron los estudiantes del #YoSoy132. La ausencia de Peña de tan crucial evento acrecentará la discordancia entre sus promesas (de atender y representar a la juventud) y la valentía para encarar situaciones poco manejables por sus múltiples asesores y ayudantes. Peña tiene, eso sí, toda una claque de auxiliares oficiosos, casi ninguno de ellos gratuito. Medios escritos, casi completos, han hecho de su defensa y promoción una cruzada que poco o nada tiene de desinteresada. El periódico Milenio, por ejemplo, es un claro reducto de ese tipo de apoyadores. La mayoría de los que ahí escriben lleva a cabo su tarea de manera sesgada, de ladito: no defienden a Peña con todo el arsenal al alcance de un analista. Insisten, en cambio, en purgar a su rival (AMLO). Sólo en contadas ocasiones realizan su tarea de zapa, teniendo a JVM como punto de comparación, opositora o rival. Menos todavía se emplean a fondo para descubrir las muchas debilidades, ausencias o fallas que Peña muestra en su acicalada personalidad. El ogro antidemocrático para los columnistas oficiales de Milenio (las dos primeras páginas de su edición dominical pasada son ejemplo señero) a exorcizar se llama Andrés Manuel López Obrador. En él fijan toda la furia de sus pasiones y rencores rayanos en incontenibles fobias. Para ellos existe una categoría moderna de izquierda que no puede serle predicada a López Obrador. Tampoco se le concede tan elusiva etiqueta a sus partidarios y, menos aún, a su oferta política. La presencia de AMLO en la contienda, según sus pareceres, es tierra baldía. Las reglas de la democracia, no aclaradas pero sí blandidas a discreción, no se acomodan con su modo de operar, según afirman como supuesto base de sus argumentaciones simplonas. Se han convertido en repetidores de arengas ajenas: los 300 mmdp del plan de austeridad enarbolado por AMLO son causa de un pitorreo que sólo revela la carencia absoluta de capacidad analítica, cita precisa y estudio de las cifras reales del presupuesto y gasto públicos. El artículo de Berrueto (Milenio dominical) es otro ejemplo de la defensa emprendida por los propagandistas de Peña bajo contrato. Para lograr su cometido parte de condenar al movimiento estudiantil ya mencionado. Han perdido, dice, futuro y destino sólo porque se rebelan contra el contubernio (PRI-medios-sistema) al interior de la élite del poder. Determina, el encuestador de cabecera priísta, que las manifestaciones de rechazo a Peña son provocaciones encauzadas, polarizantes, peligrosas y pueden desembocar en violencia. Un nada sutil modo de inyectar miedos, tan en boga en estos días de preocupaciones por la suerte de su protegido.

A pesar de los citados pasajes de cierta clase periodística, que abundan sobre todo en estos tiempos de venganzas y patrocinios, las simpatías populares, en efecto, están inclinándose hacia la coalición de izquierda. Y no sólo porque algunas encuestas así lo afirmen, sino por lo que sucede en plazas, pueblos ejidos, montañas o colonias citadinas. Las percepciones de un triunfo final de AMLO flotan en el ambiente. Es por eso que han aparecido los promotores de miedos colectivos. Al carecer de argumentos fiables recurren a “hechos” gastados para achacar a López Obrador la categoría de violento y sembrador de odios. Es el causante único, o casi, de los rencores actuales. Fue él, para sus oponentes, y sólo él, quien ofendió a todos los mexicanos y a la democracia en el pasado (2006). La guerra sucia en su contra no existió; era, simplemente, una modalidad defensiva de los panistas, de empresarios contratantes de mensajes y rumores, alarmados porque les cobrarían los masivos impuestos que escamotean. La ilegal propaganda (auspiciada y pagada por Fox) y el enorme cúmulo de irregularidades adicionales, bien documentadas por el mismo TEPJF, (incluido el fraude que algunos afirman no puede existir) son, para tan formidables analistas de la realidad, minucias olvidadas, nunca documentadas, menos probadas. A toda esta embestida habría que catalogarla ahora de inútil. Las retorcidas comparaciones con un Chávez estigmatizado por la intensa propaganda estadunidense (CNN) ya no funcionan, o sólo atemorizan a los clasistas de la urbana medianía acomodada. Para una inmensa y creciente capa de la ciudadanía, ésa que padece los rigores del modelo en boga y que son mayoría, Obrador es quien garantiza ese cambio real, verdadero, que se necesita con urgencia.

martes, 19 de junio de 2012

Link del Debate Presidencial 19-06-2012

http://www.unonoticias.com/vivo/

#Debate132

Momentos de ascenso


La Jornada.
Pedro Miguel
Martes 19 de junio de 2012

Cuando una gesta social logra convertirse en punto de confluencia de muchas reivindicaciones y muchos malestares, cuando adquiere dimensión masiva y simpatía multitudinaria, cuando forja posibilidades reales de éxito, se dice que marcha viento en popa, que las cosas van bien. Se llaman momentos de ascenso.

Pero cuando las cosas van bien para la causa, ésta se llena de logreros y de arrimados. Los disensos afloran; se intensifican los jaloneos entre corrientes y segmentos y las traiciones se ponen a la orden del día. Los embates de los adversarios crecen en virulencia y en vileza –echarán mano de todo recurso legítimo o ilegítimo para frenar el ascenso de quienes aspiran a conseguir reivindicaciones y realizar cambios– y las presiones para hacer descarrilar al movimiento, para dividirlo o, cuando menos, para confundirlo se vuelven casi insoportables. Las reuniones se hacen ríspidas, proliferan en ellas las maniobras para imponer tal o cual posición, y la desconfianza entre compañeros tiende a sentar sus reales.

Es natural. El correlato de las ratas que abandonan las embarcaciones a punto de hundirse son las ratas que tratan de subirse al precio que sea a las que permanecen a flote y tienen perspectivas de llegar a buen puerto.

Si un movimiento empieza a cosechar éxitos o cuando menos se aproxima a la cosecha, es porque ha conseguido generar consensos coyunturales y, a veces, hasta accidentales, entre individuos y grupos muy diversos: se convierte en espacio de convivencia entre personas y conglomerados que en otras circunstancias actuarían en forma separada. En ese momento, las perspectivas de triunfo dependen de que la causa sepa priorizar los puntos en común sobre las diferencias y gestionar acuerdos para sortear las segundas, a fin de buscar la consecución de los primeros. Muchas veces hay que renegociar acuerdos que parecían ya tomados y que se desmoronan en forma súbita.

La proliferación de problemas internos y de golpes externos en las coyunturas de auge contrasta con el vértigo del ascenso y suele vivirse como una experiencia paradójica y amarga, como una premonición de derrota a las puertas del triunfo o, para decirlo en la metáfora de César Vallejo, como “las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema”.

Depende del grado de conciencia de los sectores que conforman al movimiento que esa incomodidad pueda ser superada y que no se convierta en parálisis. Si se tiene lucidez acerca de los objetivos superiores, las confrontaciones y las adversidades pueden ser resueltas. Si hay claridad sobre lo que puede lograrse y lo que no, el éxito se vuelve una posibilidad real. Hay que saber distinguir los tiempos de la construcción a largo plazo de las circunstancias en las que es preciso pronunciar “ahora o nunca”.

Hay momentos en que se hace indispensable un acopio casi infinito de paciencia para dar fuerza y músculo a la impaciencia. Ninguna lucha social con perspectivas de éxito es un rosario de triunfos consecutivos y engarzados nada más por el entusiasmo. Se requiere, también de aptitud para sobreponerse a los golpes y a situaciones anticlimáticas.

Un movimiento social triunfante es una combinación entre una energía arrolladora y un delicado tejido de subconjuntos e intersecciones de convicciones, intereses, anhelos, afinidades y aversiones personales y grupales.

Cuando una gesta social vive momentos de ascenso es normal que se vea sometida a golpes externos que quieren ser contundentes y definitivos, y que proliferen en su seno los desacuerdos, las intrigas, las desconfianzas, las grillas y hasta las traiciones. De algún modo, esos inconvenientes amargos son señal de que las cosas van bien. Porque cuando van mal no pasa nada de nada.

navegaciones.blogspot.com
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El debate de #YoSoy132


La Jornada.
Magdalena Gómez
Martes 19 de junio de 2012

Una vez más los jóvenes del movimiento #YoSoy132 se colocan en el centro de la coyuntura electoral con la mirada bien puesta en trascenderla; con ellos no tenemos de que preocuparnos. El ejercicio democrático que desarrollarán en las instalaciones de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) tendrá la cadena nacional que está resultando más efectiva: la de las redes sociales.

Mediante ellas operarán parte del formato que han acordado, pues darán participación a jóvenes que no estarán presentes y abrirán espacio para las preguntas del público. Por lo que respecta a los candidatos a la Presidencia que han aceptado participar, tres de cuatro, habrá que señalar que sería deseable que nos permitan escucharlos sin la rigidez de los anteriores debates oficiales. No cabe duda que éste debate impactará de manera directa la intención del voto del llamado sector de los indecisos.Y de ello no se puede culpar a los jóvenes, acusándolos de falta de “objetividad y neutralidad”.

El candidato Peña Nieto está anticipando su mensaje con la decisión de no asistir. Él sólo va a audiencias que considera seguras y, sobre todo, controladas por su partido, como suponían que sería la de su visita a la Ibero, y vaya que los auténticos estudiantes de esa institución ofrecieron una lección de dignidad, durante y después de la emblemática visita del priísta. El yo soy 131 fue la punta de lanza para el despertar de los jóvenes que bien decidieron atender al llamado con el #YoSoy132. A partir del pasado 7 de mayo el PRI ha ofrecido reiteradas muestras de que se mueve en la lógica autoritaria que lo caracterizó en sus varias décadas de control presidencial. Amenaza como en 1968 lo hizo, investiga y acosa a los jóvenes que considera responsables de su caída en la Ibero. Y ahora anticipa anuncios de asesoría de un militar extranjero y pretende organizar a sus leales como “jóvenes 123”.

Por cierto, no creo que sea ajeno a los rumores que están esparciendo para sembrar el miedo en torno al día de las elecciones. Esa visita fue su “fuera máscaras”; quien vote por el PRI ya no puede llamarse a engaño. También resultó damnificado el duopolio televisivo. Los estudiantes han colocado el dedo en la llaga; demostraron que el llamado cuarto poder no es infalible para colocar su “producto” tricolor en la Presidencia de la República. Hoy se mueven entre el control de daños y el incremento de la insidia contra López Obrador, a quien ven como un peligro para ellos, porque México afortunadamente es mucho más que sus particulares intereses. Respecto al #YoSoy132, oscilan entre reconocer su poder inevitable para desarticular su escenario de la elección anticipada de su “puntero” construido por sus encuestas y a la vez provocarlos con la acusación de que trabajan en favor de algún candidato. Así que no es casual que a los jóvenes les interese conocer cuáles son las propuestas de la y los candidatos para democratizar a los medios, entre otros temas. Ojalá que no se repita el discurso orientado por la autocensura, sobre todo en el caso de AMLO, pues sus electores votarán por el cambio, porque más de lo mismo ya se los ofrece el PRIAN.

Es significativo que el movimiento #YoSoy132 no se esté desgastando en exigir a los medios masivos la cobertura de su debate, por más tuiteros que se contraten para golpearlos, la adhesión masiva en las redes es imparable. Curiosamente también han insinuado el absurdo de que la CDHDF estaría incurriendo en falta, pues no tiene facultades en materia electoral; por lo visto sus instalaciones estarían atadas a sus facultades legales. Bien por el servicio a un movimiento tan importante como es el de jóvenes. El desafío nos involucra a todos; la coyuntura electoral tiene los días contados y sus resultados nos afectarán como nación, votemos o no. No es que supongamos que el país cambiará de la noche a la mañana, pero ya es urgente que se inicie. Los jóvenes han demostrado madurez, capacidad de diálogo y construcción de consensos y no se intimidan ante las presiones de todo tipo, de buena y mala fe.

Ya se ha dicho mucho y hay que reiterarlo: la irrupción de los jóvenes aparenta ser inesperada. Mal por quienes los daban por perdidos. Los procesos sociales son complejos y no debemos colocarnos en la exigencia de que construyan todo el entramado que el país requiere y que muchos otros movimientos no han logrado por más causas justas que han enarbolado. Por ello no debemos erigirnos en una suerte de jueces. Tenemos, eso sí, la obligación de ser solidarios, de continuar trabajando nuestras causas y caminar juntos al ritmo de cada quien. El debate de hoy es un servicio del #YoSoy132 que nos beneficia a todos. Ojalá que los candidatos estén a la altura de su significado democrático. Salvo el PRI, alérgico a las disidencias emancipadoras y adicto a las certidumbres del poder absoluto. Los relevos generacionales están felizmente en la arena de lucha y reclaman justicia. Suerte hoy y siempre.

SME Martin Esparza inicio proceso electoral 18jun12.wmv

Sexenio del Horror 18 de junio del 2012

Inicio de Votaciones del SME para el período 2012--2014

lunes, 18 de junio de 2012

Concierto #YoSoy132

Yo Soy 132 / Julieta Venegas - Eres para mi (Zócalo - en vivo)

Yo Soy 132 / Natalia Lafourcade - Un derecho de nacimiento (Zócalo - en ...

"Yo Soy 132" Concierto Zócalo Contra Peña Nieto

Un as en la manga


La Jornada.Gabriela Rodríguez

El segundo debate fue como una jugada de póker, una partida que exige estrategia, concentración e inteligencia, y saber reaccionar ante el azar. Decía mi padre que al póker ni menos de tres ni más de cinco, se refería al número de jugadores que favorece la probabilidad de buenas jugadas.

A pesar de que los lotes no costaban lo mismo, desde el principio AMLO y Peña Nieto concentraron la mayoría de las fichas, lo cual los colocó en la más cómoda de las posiciones, sobre todo porque se puede apostar mucho sin arriesgar demasiado, o bien, sólo mandar con juego seguro a fin de conservar lo ganado. Esta última estrategia fue la elegida por AMLO, sabedor de que la tendencia en las encuestas lo mantiene hacia arriba, él no necesita quitarle fichas al adversario ni recurrir al bluff, así que se dedicó a sostener la inercia, esta propiedad que tienen los cuerpos de permanecer en su estado de movimiento rectilíneo, mientras no se aplique sobre ellos ninguna fuerza. Para cruzar la línea del candidato que viene de bajada basta con sostener el ritmo, hay que darle valor a las propias cartas y mandar bien: cambiar la política económica porque no ha funcionado, echar a andar la economía porque si no hay crecimiento no hay empleos, si no hay empleos no hay participación y si no hay bienestar no puede haber tranquilidad ni paz social. Se trata del único candidato que explicó de dónde se van a obtener los recursos para impulsar el desarrollo de México, cálculos que le costaron la animadversión de muchos, por los intereses que trastoca. Primero, combatir la corrupción para liberar miles de millones de pesos; segundo, ejecutar un plan de austeridad republicana, terminar con un gobierno faraónico con sueldos ¡hasta de 600 mil pesos mensuales!, porque no puedo haber gobierno rico con pueblo pobre; y tercero, terminar los privilegios fiscales. No habló de desaparecer el Senado ni de reducir significativamente el presupuesto del IFE, lo cual me hubiera encantado, pero esas no son sus propuestas, sino ideas que yo retomo de otros analistas. Al final, AMLO decidió repartir sus fichas entre todos, la situación de la patria es grave y no está para menos: “hago un llamado a todos los mexicanos a unirnos, a las clases medias, a los empresarios, a unirnos todos para salvar a México. A los priístas y a los panistas de abajo, a los ciudadanos del PRI y del PAN que están igual de necesitados como la mayoría de la gente… vamos a unirnos para terminar con este régimen de corrupción y de privilegios”.

La decisión de Peña fue diferente, compró muchas fichas y apostaba alto para que no se notara que su fortuna iba hacia abajo; quería ganar, y aunque no tuviera juego todo el tiempo mandó alto –la voracidad es virtud del buen tahúr–, así que ofreció promesas muy positivas para todos: esbozó muchas líneas de acción como anuncios publicitarios milagrosos, porque nunca llegó a explicar las estrategias ni de dónde sacaría los recursos para desarrollarlas. “Mi propuesta es que tú ganes más y te alcance para más, que los empleos que se ofrecen sean mejor pagados, que cuando no tengan las medicinas a que tienes derecho del instituto que debiera otorgártelas, las puedas recoger en cualquier farmacia, habrá transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción”. Esto último sí que sorprendió, toda vez que los gobiernos y gente de su partido no dejan de dar motivo a escándalos por acusaciones de peculado y negociación con el crimen organizado.

La mala suerte acompañó a Josefina. Como traía cartas bajas todo el tiempo, prefirió recurrir al bluff antes que retirarse. Ella elevó la apuesta y buscó quitarle votos hasta a Quadri, quien no juntaba ni para las entradas. Con tono de frustración, quiso llevar a los candidatos al terreno del escándalo político, pero como sus adversarios no le creyeron y le pagaron por ver, al abrir sus cartas quedó a la vista que no tenía nada. Por dedicarse a atacar, ella olvidó presentar su plataforma electoral. Desencajada, pero sobre todo rijosa, se despidió con la mirada torva y la quijada endurecida de siempre. Sin duda, el bluff y el engaño son la parte más atractiva del póker: provocan una emoción que nos pone en alerta y bastante excitados. Uno puede perder todo o ganar mucho, y eso depende de la capacidad de autocontrol. Por eso la emoción y la excitación son malas compañeras del tahúr. En la mesa del debate Josefina acaparó los momentos más violentos y atractivos de la jugada, pero pagó caro esa actuación: en la medida que ganaba audiencia perdía votos. Porque en el juego y en la política, más vale calcular fríamente las estrategias para ganar, que evitar parecer aburrido.

Y sin embargo, nunca falta el que no sabe perder, o el que traiciona y rompe las reglas, en especial cuando no se juega entre amigos. Un tuit en medio del debate dejó ver que Peña Nieto traía un as en la manga, y así supimos que no sólo el PRI, sino también el Estado, le hacía llegar cartas marcadas.

twitter @Gabrielarodr108