miércoles, 30 de noviembre de 2011
El Congreso debe legislar la facultad interpretativa del Poder Judicial
La Jornada.
César Garizurieta
Miércoles 30 de noviembre de 2011
El Congreso tiene que legislar sobre dos temas: la interpretación de la ley y la responsabilidad de los jueces. No se ha hecho y, conforme al sistema actual, con esgrimir cualquier argumento, aunque sea un verdadero sofisma, se puede incluso derogar la Constitución.
El ministro Zaldívar, en su proyecto (que terminó aprobado con la honrosa excepción del ministro Ortiz Mayagoitia) dice que lo anima la defensa de la libertad de expresión como herramienta de la democracia. Sin embargo, mediante argumentos, a mi juicio sofistas, termina legitimando la calumnia. Pero eso no es lo peor; pone de manifiesto cómo es factible que un órgano de gobierno, por la voluntad de unos cuantos, derogue el artículo 6° constitucional cuando establece que la libertad de expresión debe ejercerse respetando los derechos de terceros.
Rousseau, Montesquieu y hasta el perverso de Locke vieron en la división de poderes la mejor herramienta para salvaguardar la democracia. Conforme a ella, el órgano legislativo debe hacer las leyes y el judicial, aplicarlas; pero si se permite que un juez abuse de la interpretación al grado de derogar la Constitución o, incluso, una ley, entonces la función judicial invade la legislativa ¿Qué puede ser más antidemocrático? ¿Qué puede resultar más contradictorio a la división de poderes?
No es la primera vez que la Corte, en un exceso interpretativo, deroga preceptos de la Constitución; por ejemplo, el artículo 107 estableció que en el juicio de amparo debería suplirse la deficiencia en que incurran los gobernados al demandar el respeto a sus garantías individuales; la Corte (gracias a un texto desafortunado de la Ley de Amparo) interpretó exactamente lo contrario y convirtió al juicio de garantías en el más técnico y difícil, por lo que hoy el amparo sólo puede demandarlo un especialista. A pesar de los perjuicios que nos han arrogado los tratados internacionales, la Corte los considera jerárquicamente superiores a nuestras leyes y no tarda en colocarlos al parejo de la Constitución. En el asunto Hernández Haddad contra la SRE, consideraron que el Presidente podía remover a un cónsul verbalmente, sin hacerlo por escrito, a pesar de que el artículo 16 constitucional exige este requisito.
No debe creerse que el problema sea, simplemente, del ministro Zaldívar; el asunto obedece a intereses extranjeros; va mucho más allá. El objetivo es evidente: lograr que en las decisiones que afectan al interés nacional intervengan el menor número de personas: se requiere, aproximadamente, del voto de 419 miembros del Congreso para asegurar una modificación constitucional, en cambio para que se interprete la propia ley fundamental en algún sentido se necesita el voto de sólo ocho ministros ¿Cree el amable lector que si estuvieran en manos de unos cuantos las modificaciones constitucionales que permitieran la explotación de los trabajadores o del petróleo por empresas extranjeras no se hubieran modificado ya? Pues de eso se trata.
Por ello urge que el Congreso legisle para que la facultad interpretativa del Poder Judicial se ciña al espíritu de nuestra Constitución, que no es otro más que la defensa de los que menos tienen, y que legisle también para que los jueces sean sujetos del juicio político cuando dicten sentencias que se aparten notoriamente del texto constitucional. De otra forma, ya lo verá el lector, adiós petróleo, adiós 123.
martes, 29 de noviembre de 2011
México bárbaro
La Jornada
Luis Martínez
Martes 29 de noviembre de 2011
Este año se cumplen 100 años de que fue escrito este libro por John Kenneth Turner. Retrata la vida de los mexicanos en el siglo XIX, la forma de vida, la miseria, la opresión. La mayor parte de los mexicanos no sabían leer ni escribir, los trabajadores no tenían derechos; no existían sindicatos; las huelgas estaban prohibidas, incluso se castigaba el intento de pedir aumento de sueldo. Turner hizo dos profecías: México iniciaría una revolución en favor de la democracia y Estados Unidos intervendría para proteger sus intereses. Cuando se escribió este libro había cerca de 30 mil soldados estadunidenses que patrullaban la frontera mexicana y barcos de guerra navegaban en la cercanía de nuestros puertos.
La movilización de tropas fue ordenada por el presidente Taft, al margen del pueblo estadunidense, sosteniendo que no había ninguna violación al derecho internacional. Decía Turner que el objetivo de escribir este libro era alertar a los estadunidenses de que la revolución que se gestaba en México obedecía a causas profundas y evitar que hombres buenos, trabajadores y valientes tuvieran derecho a vivir en libertad; pero, sobre todo, impedir una intervención contra una revolución cuya justicia era indiscutible.
“¿Qué es México?”, se preguntaba Turner. “Llamamos a México nuestra república hermana, la describimos vagamente como una república muy parecida a la nuestra, habitada por gente un poco diferente en temperamento, un poco más pobre, que disfrutaba de leyes republicanas; en síntesis, un pueblo libre en el sentido en que nosotros somos libres.” Pero la gran sorpresa la encontró el escritor cuando descubrió que el verdadero México era “un país con una Constitución y leyes escritas y democráticas como las nuestras”, pero ni la Constitución ni las leyes se cumplían. Han pasado cien años y, toda proporción guardada, hay una distancia brutal entre el país legal y el país real. “En mi primer viaje”, escribe Turner, “fui acompañado por Gutiérrez de Lara, quien me advirtió que en México existía la esclavitud. Tomé mis precauciones para conocer la realidad con mis propios ojos y escucharla con mis propios oídos. Gracias al señor de Gutiérrez de Lara estuve en condiciones de observar y oír cosas que eran inaccesibles para el investigador ordinario. Pude comprobar que sí existía esclavitud en México, la encontré primeramente en Yucatán.
“Los reyes del henequén sostienen que cuanto más barato es el peón mayores son las utilidades para todos. De esta manera el peón se convierte en esclavo. También me explicaron que este sistema no lo llamaban de esclavitud, sino lo denominaban servicio forzoso de deudas, porque la esclavitud es contraria a la ley; por eso le damos otro nombre que no sea contrario a la Constitución. Este negocio, me explicaron”, dice Turner, “llámese como se llame es legal. También me dijeron que era necesario pegarles a los peones, porque no hay otro modo de obligarlos a hacer lo que uno quiere, si no los golpeamos no harían nada. A las mujeres se les obligaba a arrodillarse para azotarlas. Se golpea tanto a los hombres como a las mujeres. No recuerdo haber visitado un solo henequenal en que no haya visto esta práctica de utilizar un pesado bastón para picar, hostigar y golpear continuamente a la gente.”
Resulta muy ilustrativa en el presente la relación tan entrañable que se da entre los presidentes mexicanos y los medios de comunicación estadunidenses; por eso es tan útil volver a la lectura de México bárbaro. Conocer las cabriolas publicistas de William Randolph Hearst, propietario de The Cosmopolitan Magazine. Conocer los negocios de la Standard Oil mexicana, que era dueña de terrenos petrolíferos, tenía en sus manos el mercado de distribución y la venta del petróleo de México.
Este 20 de noviembre recordamos el 101 aniversario de la Revolución Mexicana, escenificado por el Ejército Mexicano. Fruto de una revolución vigente, y nos vemos obligados a recordar la advertencia de Jesús Reyes Heroles de que hay un México profundo, que hay un México bronco. La pobreza y la desigualdad están presentes. La riqueza concentrada por el abuso, acaparada sin ningún miramiento con monopolios vigentes que todos conocemos.
El año entrante tendremos elecciones y no habrá bono democrático, sino lo que encontraremos será la desesperanza y la pobreza que agobia a 52 millones de mexicanos, de los cuales 12 viven en la miseria. La pobreza ha sido un mal endémico del país. ¿Qué hacemos con los pobres? La pregunta de Ignacio Ramírez, El Nigromante, que retoma Julieta Campos en su esplendido libro y que no hemos podido exterminar, ¿qué haremos con los pobres hoy?, sigue siendo una denuncia y una deuda moral. Quien gane la Presidencia el próximo año tendrá que enfrentar bajo la frialdad de los números un gran drama humano, que nos obligará por igual a todos los mexicanos.
Matan a activista del Movimiento por la Paz
Moreno indagaba desaparición de 5 jóvenes, uno de ellos su hijo; había pedido protección a Calderón
Periódico La Jornada
Martes 29 de noviembre de 2011, p. 14
Ulises Gutiérrez y Alonso Urrutia
Corresponsal y reportero
Integrantes del Movimiento por la Paz protestaron ayer en la representación del gobierno de Sonora, en el Distrito Federal, por el asesinato a balazos del activista Nepomuceno Moreno MuñozFoto Notimex
El activista social Nepomuceno Moreno Muñoz, quien había pasado cinco años en la cárcel, fue asesinado este lunes en la colonia Centenario, en la zona centro de Hermosillo, por hombres no identificados que viajaban en un vehículo desde el cual abrieron fuego en repetidas ocasiones.
Moreno Muñoz, de 56 años, se había convertido durante el último año en activista social y había participado en protestas frente al palacio de gobierno estatal en Hermosillo para denunciar la desaparición de varios jóvenes en Ciudad Obregón, presuntamente a manos de autoridades e integrantes del crimen organizado.
El también integrante del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) participó en octubre pasado en el último diálogo público que tuvo la organización con el presidente Felipe Calderón, a quien solicitó formalmente que se le otorgaran medidas cautelares por las amenazas que había tenido. Calderón instruyó al entonces secretario de Gobernación, Francisco Blake, a garantizarle la seguridad, pero hoy Nepomuceno Moreno Muñoz está muerto.
Pietro Ameglio, del MPJD, lamentó el asesinato y destacó que el activista siguió no sólo el caso de su hijo, en el que testificó contra algunos involucrados en el caso para evitar la impunidad, sino también otros casos de la organización. “Si el gobierno es incapaz de garantizar seguridad a quienes tratan de evitar la impunidad de los delitos, denunciando a los involucrados, cómo esperar justicia”, dijo.
El MPJD se plantó en la sede de la representación del gobierno de Sonora para exigir seguridad para la familia y durante el entierro de Moreno Muñoz que se efectuará este martes en la entidad. El activista sonorense participó en el movimiento desde la marcha de Cuernavaca a la ciudad de México, además de acudir a las dos caravanas realizadas por esa organización.
Segundo integrante del MPJD ejecutado en poco más de un mes
Moreno Muñoz es el segundo activista del MPJD ejecutado en poco más de un mes. El 7 de octubre fue asesinado Pedro Leyva, de la comunidad indígena michoacana de Ostula, quien era un participante activo en la Comisión para la Defensa de los Bienes Comunales, considerado por el MPJD como una de las experiencias de autoprotección ciudadana más exitosa. En su momento denunciaron la gravedad del hecho, porque se trataba de intimidar a la comunidad indígena. En el caso de Moreno, el MPJD se puso en contacto con Pro Víictima para que coadyuva- ra en el otorgamiento de las medidas cautelares para la familia.
El 5 de septiembre, durante su participación en varias protestas en Hermosillo, Moreno Muñoz junto con otros padres de familia denunció que autoridades de la propia procuraduría estatal y de la policía municipal de Ciudad Obregón, municipio de Cajeme, participaron en la desaparición de cinco jóvenes, entre ellos su hijo Jorge Mario Moreno León, el primero de julio de 2010.
Nepomuceno Moreno fue asesinado este lunes a las 12:15 horas cuando conducía una camioneta pick up modelo 1997 en la colonia Centenario, a seis cuadras del centro histórico de Hermosillo. En el lugar quedaron siete casquillos percutidos calibre 40 milímetros.
En septiembre, durante una protesta frente al palacio estatal en Hermosillo, señaló que su hijo y otros cuatro jóvenes acudieron el 1º de julio de 2010 a una fiesta de graduación en Ciudad Obregón, donde fueron secuetsrados por policías municipales y al menos uno de ellos fue asesinado y del resto se desconoce el paradero.
En esa ocasión expuso que tras constatar la inmovilidad de las autoridades se puso a investigar por su cuenta y encontró pruebas de que los jóvenes fueron secuestrados por policías, quienes incluso siguieron hasta otro municipio aledaño (Vícam), a su hijo Jorge Mario, luego de que éste había logrado escapar de sus captores minutos antes.
Según contó en esa ocasión, en una tienda Oxxo se escondía el joven luego de escapar de sus captores, pero hasta ahí llegaron los “agentes de la ley” para llevarse a su hijo. Ahí también varios testigos anotaron los números de las patrullas que participaban en la “detención”, dijo.
Indicó que contaba con registros telefónicos que demostraban que desde oficinas de la propia procuraduría se realizaron llamadas el mismo primero de julio del 2010, para negociar la liberación de su hijo, en ese momento el desconocía que las llamadas procedían de ese sitio.
lunes, 28 de noviembre de 2011
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